Juego de poder entre Trump y Putin

El creciente acercamiento entre Donald Trump y el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, es una de las mayores polémicas de las noticias digitales de hoy en día. Esto es lógico puesto que antes y durante la campaña hubo sucesivas y recurrentes señales de que tal situación podría ocurrir. Si bien las relaciones entre ambos países no son algo nuevo, su nuevo contexto claramente lo es, ya que el nuevo presidente norteamericano es el primero en mucho tiempo en tener un acercamiento tan estrecho con el Kremlin.

Poco tiempo antes de la elección del actual presidente estadounidense, las relaciones entre un gobierno y otro estuvieron en un punto de tensión importante. Uno de los principales motivos de esta coyuntura adversa en la diplomacia de ambos países ha sido el siguiente: El gobierno de Vladimir Putin ha prestado apoyo militar importante a la dictadura del presidente sirio Bashar Al-Assad. El entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, criticó vehementemente esta situación. Esto fue debido a que el gobierno sirio ha hecho lo que ha estado a su alcance con tal de continuar en el poder.

Y esto ha incluido un reiterado uso de la fuerza y recurrentes abusos a los derechos humanos.

En el curso de apenas cuatro meses, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia parecen estar tomando otro rumbo. Esto vino a confirmar todas las sospechas pre-electorales. Evidentemente, el cambio de tono en la diplomacia de ambas partes se debe, en gran parte, a la llegada de Trump a la Casa Blanca. Inclusive suenan muy fuertes los rumores de que Vladimir Putin habría cargado los dados en favor del candidato republicano, ya que los ciber ataques del día de las elecciones norteamericanas suelen atribuirse a equipos de hackers rusos.

En una fecha reciente, se ha dado a conocer que ambos presidentes sostuvieron una llamada telefónica en la que principalmente se ha pactado una reunión bilateral entre ambos gobiernos. Tentativamente, dicho acontecimiento se llevaría a cabo antes de la próxima cumbre del G-20. De este próximo encuentro, se ha dicho públicamente que está enfocado a la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambas partes.

Ante esta situación, hay serias dudas de quien pone los términos para tal “normalización”.

A modo de crítica ligera, suele aludirse a que no se sabe quién ha hecho la llamada en cuestión. Del mismo modo, algunos nombramientos del gabinete de Trump parecen ser un traje a la medida de los intereses de Rusia. El caso más criticado es el de la designación de Rex Tillerson como Secretario de Estado.

Tillerson, hasta antes de la elección de Donald Trump, ejercía el más alto cargo de la transnacional petrolera ExxonMobil. Esta empresa tiene un largo historial de vinculaciones a los conflictos petroleros que se han dado en años recientes. Hace un lobby muy activo para desacreditar el cambio climático y mantiene una presencia muy importante en países del tercer mundo en los que se han identificado yacimientos petrolíferos. En tales países, rigen gobiernos dictatoriales que han podido continuar en el poder gracias al discreto apoyo de ExxonMobil.

Esto claramente es una contradicción a los principios democráticos que históricamente ha promovido la nación del norte.

En tal contexto, Rex Tillerson mantiene una relación muy estrecha con el gobierno ruso, pues ExxonMobil mantiene importantes inversiones en Crimea y otros territorios ocupados por Rusia. Al día de hoy, ExxonMobil requiere que se levanten las sanciones a Rusia por la ocupación de estos territorios en orden de llevar a cabo tales proyectos.

Con el nombramiento del otrora máximo ejecutivo de ExxonMobil en el más alto cargo de la diplomacia norteamericana, se están matando dos pájaros de un tiro. Se queda bien con Rusia, y al mismo tiempo con la industria petrolera de los Estados Unidos, enfatizando que el titular del cargo tiene además una manifiesta afinidad al gobierno de Putin en Rusia. Y en el mismo sentido, se asume una posición manifiesta a favor de quienes restan credibilidad al problema del cambio climático.

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En su día, Hillary Clinton, la ex candidata demócrata, lanzó fuertes acusaciones al entonces candidato republicano diciendo que el suyo sería un gobierno títere del Kremlin. Lo que se ha podido ver del gobierno de Trump parece avanzar en esta dirección, pues da la impresión que buena parte de su estrategia de gobierno es dictada desde Moscú y requiere su común acuerdo con el presidente Putin, al menos en lo que corresponde a política exterior.

En este contexto y en distintas ocasiones, el presidente Trump ha cargado contra la OTAN (Organización para el Tratado del Atlántico Norte) y ha dejado entrever su posible disolución, calificándola de obsoleta. Un panorama geopolítico donde ya no existe el referido organismo supranacional es algo muy conveniente a los intereses rusos en su antigua esfera de influencia.

En lo que corresponde a sus relaciones diplomáticas, el gobierno de Donald Trump parece entrar en contradicción con lo que ofreció a los ciudadanos norteamericanos. La postura actual es discretamente indefinida y con más notable sesgo en favor de ciertos intereses.

Por ende, queda la incógnita de los posibles efectos de la actual posición del gobierno estadounidense en el escenario de la política internacional.

Este tipo de alianzas modifican sustancialmente el mapa geopolítico del planeta, con dirección a un contexto donde la única certeza por el momento es un creciente protagonismo del Kremlin. Hay que mencionar que las consecuencias de esto todavía no se conocen a ciencia cierta. Ante tal situación, la mejor recomendación es un seguimiento oportuno de los hechos para poder reaccionar adecuadamente a los posibles cambios.

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Licenciado en Economía por la Universidad de El Salvador graduado en 2015 y redactor de El Target.com Apasionado de la cultura japonesa y las artes marciales, gusta de coleccionar objetos, escuchar música, jugar Videojuegos y ver Anime.