¿Somos en El Salvador un balde de cangrejos?

¿Somos en El Salvador un balde de cangrejos?

Filosofía económica del Contrato Social, parte 2:

A mi manera de ver, lo expresado en la conferencia acerca del Contrato Social no debería limitarse solo al grupo de académicos ahí presentes y es una necesidad que trasciende la educación superior, puesto que es necesaria una reeducación total de las nuevas generaciones. Hay que evitar que esta vaya enfocada al conformismo puesto que, como dije antes, somos subdesarrollados en lo económico, porque lo somos en lo mental.

Aquí se introduce lo que denomino el Pseudo-Contrato Social: El Pseudo-Contrato Social no es otra cosa que esa conducta que distingue al común de los latinoamericanos, que coloquialmente se conoce como “El Balde de Cangrejos” (Para decirlo con propiedad: No sabemos ni dar los buenos días al prójimo y vemos con envidia al que progresa y tratamos, por la misma envidia, de hacerlo pedazos).

Dicha conducta hace irrealizable lo que conocemos como el Óptimo de Pareto.

Este es un concepto económico de los más idealistas pero a la vez, entre los más útiles. Se llama así a aquella circunstancia en la que un individuo alcanza el bienestar individual sin comprometer u obstruir el de otros y viceversa.

Dado que la norma en nuestros países (Y costarricenses, mexicanos, chilenos y venezolanos pre-Chávez tienen todo el derecho de arrojarnos la primera piedra, puesto el grado de superación que tienen de dicha conducta y en consecuencia, su cercanía con el desarrollo) es la ganguería, la desidia, el mínimo esfuerzo y la imitación por la imitación. Decía uno de los intelectuales que opinaron ahí que la verdadera cultura salvadoreña es un total enigma por la razón siguiente:

Nos enfocamos en lo que se hace afuera y se desmerece lo interno.

Con el debido respeto hacia mis connacionales, la principal razón por la cual nos damos al pleito con un extranjero XYZ es nuestra falta de una cultura propia. El interlocutor casi siempre es cualquiera de los anteriores u otro extranjero ABC que casi siempre tiene claro el concepto de cultura propia e identidad nacional y ahí es donde empieza la controversia. Esta es sólo una de las facetas de la antítesis de lo que se planteó aquella vez. La otra, la cuál tiene que ver más directamente con el desarrollo, se puede dividir en 2: La puramente economicista y otra que es conductual, la primera parte de una sencilla pregunta:

¿Qué es la economía exactamente?

Contrario a lo que se cree entre los salvadoreños, no se trata de comprar barato todo el tiempo, ni el consumo recurrente de la piratería. Tampoco es lloriquear porque todo está caro. Mucho menos es estereotipar de dinero fácil al que se obtiene por ser “vivo” o “buxo” y finalmente y con todas sus letras, economía no es un sobrevalorado empleo en un callcenter.

Es la asignación óptima de los recursos escasos y ahí volvemos a Adam Smith: La Iniciativa propia conduce al bienestar colectivo por antonomasia, o al menos eso debiera ser y no es. Y no es porque en primer lugar: Siempre pensamos sólo en nosotros mismos por miedo a la pobreza y en segundo: Por esa razón actuamos en contra del interés general como se dijo al inicio, y entonces se cae en el famoso “Balde de Cangrejos”.

La dimensión conductual del problema es otra norma de nuestros países y por la cual, los que tengan una lectura ideológica de las circunstancias pueden sentirse tranquilos. El problema no es que seamos rojos, azules, morados, fuchsia o transparentes… No tienen la culpa las ideologías. Tiene la culpa el conformismo, y con el debido respeto, no hacemos nada al respecto.

Casi siempre la única salida que encontramos es culpar a otros.

Decía el Lic. Daniel Palma que en 1966 los estados financieros japoneses tenían entre sus primeras partidas el valor de las patentes y otros activos de índole intelectual; y mientras tanto, en el resto del mundo no se daba importancia a este tipo de bienes intangibles de capital. 51 años después vemos que tenían razón en asignar un valor económico al uso de neuronas. Esa es otra cosa que hemos de superar: Debemos recuperar aquella mística del salvadoreño trabajador, creativo y ultraproductivo que muchos vimos en masiva propaganda cuando éramos niños (“Tú también puedes ser alguien, aprende a trabajar” –Grupo Omnicorp, 1988-). Debemos superar la desidia, y sobre todo dejar de buscar culpables de un subdesarrollo cuyo único responsable real somos nosotros mismos y la indolencia hacia realmente hacer algo que nos saque de donde estamos.

Quizá por ser algo que se dijo en el pasado cabía una cita textual, pero lo cierto es que esta problemática sigue siendo muy actual o inclusive se puede decir que ha empeorado. Por ello, una actualización de los términos bastaba. Llama poderosamente la atención precisamente que en el horizonte de 5 años no se haya dado seguimiento concreto al tema considerando su importancia capital. Algunos dirán que se hace desde otras trincheras y aristas, pero eso dista mucho de ser suficiente. La única solución real y efectiva es confrontarlo desde el enfoque cultural, pues es la raíz para la solución de todas las vertientes del problema. Ello pasa por supuesto, por empezar a dejar de asumir que así somos.