¿Sabes cuál es el miedo FOMO?

Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás.

– Enrich Fromm

El miedo a la exclusión es tan antiguo como la vida social, sólo que ahora con el boom de la era digital, este miedo ha adquirido nuevas dimensiones.  Esa sensación de impotencia  al sentir que nos estamos perdiendo algo allá afuera que los otros conocen, disfrutan y comentan. Esa sensación comienza como una simple percepción, que crece, crece  y nos mortifica hasta el punto que mantenernos siempre actualizados se convierte en una necesidad. Esto llega al punto que nos autoinvitamos y caemos en un abismo donde ser incluidos, sea como sea, se vuelve una obsesión escandalosa.

De pronto, para mucha gente quedarse un fin de semana tranquilo en casa se convierte en motivo de ansiedad. El tiempo libre pasa a ser otro motivo de preocupación.

Nadie dijo que fuese fácil sobrevivir en las redes sociales, ni mucho menos, ser el centro de atención.

Por ejemplo, estás tranquilo un sábado por la tarde con tu pareja en tu casa, viendo una película, conversando sobre ella. Estás feliz de poder disfrutar de tus cosas. Te conectas a Twitter  o facebook y  ves que tu mejor amigo está en una reunión con todos los de tu promoción del colegio. Luego, otro amigo acude a una cena a la que igualmente no te invitaron. Sumándole a esto, te cae muy  mal el que que vaya con tu mejor amiga a disfrutar de la función de teatro a la cuál ibas a ir con ella la próxima semana.

Cualquier buen momento se puede romper si descubres que alguno de tus amigos o conocidos están en algo que tú desconocías. Las redes sociales, en las que solo se cuenta lo bueno, se están convirtiendo en un agobio que ya tiene nombre y es: FOMO, Fear of Missing Out(Miedo de perderse de las cosas).

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FOMO es un miedo social que siempre ha existido: la exclusión, el saber que tus amigos van a algo o tienen algo mejor que tú. Pero gracias a los smartphones y a la instantaneidad de las redes sociales, ese miedo se ha convertido en un acompañante habitual. Con las nuevas tecnologías, esta sensación toma un nuevo rumbo, que requieren el análisis de sociólogos, psicólogos y médicos, pues puede transformarse en una enfermedad.

La ansiedad y el miedo de quedarnos afuera nos obliga a refugiarnos en un mundo de pantallas que nos aísla del contacto humano. Casi dos tercios del total de usuarios de la redes sociales en el mundo padecen el síndrome conocido como FOMO, pero lo más extraño de todo es que la mayoría de ellos ignora tal condición.

La popularización de las redes sociales y esa necesidad constante de mantenernos conectados todo el tiempo hace que este síndrome sea algo más que un simple miedo. La adicción a mantenerse actualizado es proporcional al miedo que se siente, ocasionando que en muchas oportunidades los momentos de disfrute se pierdan totalmente. Hoy en día no interesa ir a un concierto. Lo que interesa es publicar que se fue a ese concierto.

Si no se publica, no es real; así de sencillo.

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Somos seres sociales al extremo y necesitamos compartir nuestra vida con otros seres humanos para sentir que realmente la vivimos. Pero hay límites que deberían ser infranqueables.  Las redes sociales son una ilusión de nuestras vidas. Es un reflejo moldeable a conveniencia de ella, donde lo verdaderamente negativo no existe.

Hay muchas experiencias sensacionales que un ser humano puede gozar. Sin embargo, estas muchas veces sólo las vemos en fotos o cualquier otro medio de comunicación. Y eso es triste, porque efectivamente, hay personas haciendo cosas mucho más interesantes que lo que estamos haciendo nosotros mirando el Facebook.

La perspectiva colectiva en cuanto a lo que es verdad y lo que no lo es en referencia a los medios digitales debe cambiar, porque se debe dar una solución para el FOMO. Debemos recalcar que este  miedo está basado en la competitividad fomentada por la sociedad actual. Desde pequeños, nos hacen creer que los famosos de la televisión tienen la vida perfecta; que el dinero es el éxito y que para ser feliz debes, tener más y más cosas.

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La creencia que se nos vende es que vivir feliz es ganar mucho, tener mucho, viajar mucho y que todo es exceso y acumulación. Pero estamos totalmente equivocados. Todo se reduce a sensaciones. Todo recae en el hecho que todos los días tenemos la capacidad de sentir algo y de emocionamos. La felicidad está en ser consciente de que no se trata de lo mucho que tengas, sino de tus sentimientos respecto al mundo que te rodea.Hay una frase de Dale Carnegie que dice:

“Lo que nos hace felices no es lo que somos, ni lo que tenemos, ni lo que hacemos, sino lo que pensamos acerca de ello.”

Y tiene razón.

Cuando comprendamos que las sensaciones son las que definen nuestra felicidad, podremos disfrutar de ellas: el olor y sonido de la lluvia, una mañana durmiendo hasta tarde, una brisa fresca en verano,  una caricia, un beso, un abrazo…

Se trata de ser y no de tener. No se trata de coleccionar momentos ni de comprar adrenalina. Cuando dejemos de pensar que la vida se capitaliza, se colecciona o se compra, empezaremos a vivir y a apreciarla de verdad.

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