San Miguel, un pueblo abandonado por el arte

Tomada de: citiestips.com

Dicen por ahí que los pueblos crecen y se nutren catartizando sus emociones a través de la creación artística. Si un pueblo gusta solo de futbol, iglesia y consumo, algo podría andar mal, ¿no crees? Ninguna de las actividades anteriores permite que un ser humano, un humano como tal, al más puro sentido de la expresión, se desarrolle de manera integral.

Las expresiones artísticas, buenas o malas, están creciendo en El Salvador, pero en San Salvador. Todo está centralizado en la capital, todo monopolizado por la seudo-intelectualidad, ¿y por qué no? por la intelectualidad misma.

¿Qué le queda al interior? El futbol, la iglesia y el consumo.

No podemos dejar de lado que el oriente ha sido siempre el brazo comercial del país, sin embargo, no merece ser abandonado por el buen gusto y las artes.

Elaborando una cartelera cultural semanal, con la buena intención de incluir a otros departamentos y municipios, me di cuenta que, en el Oriente de El Salvador, simplemente no hay actividades, esta gente se la pasa deseando salir de su olla caliente con vapor ¡Y no puede hacerlo! ¿Qué estará fallando? Y no estamos hablando solamente del Estado, ellos sus cositas hacen como poner una que otra casa de la cultura, una obra de teatro al mes, qué se yo, lo que realmente me alarma es que otras entidades como embajadas y sus centros culturales no estén apostando por esta tierra fértil y ávida de buen entretenimiento. Quizá tengan sus razones, quizá haya poca afluencia o la gente no esté acostumbrada a este tipo de actividades, pero, ¿es imposible crear un hábito de entretenimiento cultural? La respuesta es no. Las relaciones públicas y publicidad que se utilizan en San Salvador son igual de eficaces, lo único que cambiaría es el entorno, el público meta y por supuesto, la voluntad y ganas que se le ponga a desarrollar una verdadera campaña para los migueleños.

Estoy segura que, más allá de culparlos por estar lejos y ser poco receptivos, podemos aunar fuerzas y organizar eventos de calidad, a la altura de las personas que ahí habitan, algo que vaya más allá de una fiesta patronal o un carnaval que sea “de choto”.